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Querido Cacho, hoy venimos a darte un sentido adiós, porque nos cuesta hacernos a la idea de que no estarás, porque aunque todos estemos destinados irremediablemente a partir, tu ida y tu ausencia nos duelen.

Como Asociación de Magistrados de Tucumán, nos costará convivir con el vacío de tu silla en la mesa de las discusiones y las decisiones, donde aportabas humor, equilibrio y sensatez. Donde tu presencia nunca era inocua, donde expresabas con tranquila firmeza y honestidad indubitada tu opinión en cada tema.

Extrañaremos tu llegada con pasos cortos y mirada profunda, siempre expresiva,  pícara, vivaz. Extrañaremos tu visión aguda y realista sobre cada problema o tema, y tu sencillez para expresarla, sin pretender forzar ni torcer la opinión de los demás. Tu opinión siempre fue valiosa y a la vez exenta de grandilocuencia, una opinión respetuosa y auténtica, aquilatada en una larga experiencia de vida y de trabajo. De eso estamos todos agradecidos.

Después de extrañarte por un buen tiempo, jaqueado por cuestiones de salud, tu regreso el año pasado nos habría devuelto a un “Cacho” pleno, contento, con renovados bríos y por fin con su merecida jubilación. El “reposo del guerrero” en este caso se vislumbraba alegre y dispuesto a comerse la vida que restaba por delante, viajando con Marta –ya le habías ganado definitivamente la batalla al miedo a volar-. O en reuniones  y tertulias con amigos, o trabajando en la Asociación, y con tus hijos siempre en la cabeza. Una vez más, nos creímos eternos; cualquier idea de partida tenía boleto para otra función, no para la nuestra. Sin embargo, la ilusión se desvaneció: el final nos llega, inexorable, cuanto quiere, y esta vez, para siempre.

Querido Cacho, en nombre de tus compañeros de la Asociación, en nombre de todos los magistrados que te han conocido y amado -porque te hacías querer a cada paso-, en nombre de todos los que alguna vez tuvimos el gusto de compartir el trabajo en la Justicia, te doy las gracias por cada uno de esos momentos, y te despido con la honda tristeza del adiós inapelable, pero con la esperanza de que el Buen Dios te reciba en el lugar que merecen los que pasan por el mundo haciendo el bien.  

 

Ernesto Salas.

6 de Marzo de 2019.

Asociación de Magistrados de Tucumán.